Pendiente

Vuelvo y vuelvo a escuchar tus playlists. Y si son para mí, ¿por qué nunca dijiste nada? ¿Quizá por lo mismo que yo? ¿Pensaste que no me importaba? Con todas las idioteces que hice cuando nos dejamos de ver, que fueron precisamente porque pensaba que habías estado jugando todo el rato y que era una más. Y quería que supieras, aunque fuera mentira, que tú eras lo mismo para mí. Bueno, era una niña… tú también.

Si esos playlists son para mí… ¿Cómo fuimos tan idiotas? ¿Cómo tiramos más de 20 años por orgullo… por miedo?

No puedo decir que me arrepiento de ellos. Al menos no de todos. Si no, no tendría a mis hijos, y no me arrepiento de ellos ni un segundo.

Pero sí puedo decir que en todos estos años siempre pensé (más bien soñé) que algún día llegarías a tocar mi puerta. Que algún día sería distinto… pero sabía que era sólo un sueño.

Hasta que te vi. Hasta que pusiste esa canción en Instagram. Y mi mundo cambió… y volviste a ser una parte importante de mi mundo.

Con dolores, con rabias todavía acumuladas… años de encerrarme en mi cabeza y soñar que todo hubiese sido distinto. De no haberme sentido como un fantasma, de no haber querido vivir más que por la obligación de cuidar a mis niños. Te lo dije un día: mi plan era durar hasta que ellos me dejaran de necesitar.

¿Para qué más? ¿Para seguir siendo un robot, manteniendo una vida que no sentía mía, que miraba desde fuera…? Trabajólica a morir, comiendo encima del computador (aún lo hago), trabajando de luna a luna, para no pensar en el resto, para llegar a la noche y poder perderme en mi mundo.

Algunos años, esperaba que el año pasara rápido, que llegara el 27. Otros, me entretenía con mis amigos, que logran hasta hoy sacarme del mundo de mi cabeza y un poco del trabajo. Pero les cuesta, les cuesta mucho y yo no ayudo. Me gusta encerrarme en mi cabeza.

España me ayudó mucho en esto. Me ayudó a cambiar el chip y a querer ayudarme un poco. Me dio la independencia de los niños (y a ellos). A empezar de nuevo, a pensar en mí y en cómo iba a vivir el resto de mi vida, a pensar en una vida sin los niños. Me ayudó a decidir separarme, por fin… Me demoré mucho, demasiado, como me dijo mi papá, que como siempre, me sorprendió… no me lo esperaba.

Y luego de unos meses, apareces. No por ti, sino porque se me ocurrió la idea de que nos juntáramos todos, aunque de verdad quería verte. Aún no logro definir en mi cabecita, si fue una buena idea o no.

Porque fui yo quien puso mi propio mundo de cabeza. Bastó con verte otra vez. Aún cuando ahora es diferente. Ahora tengo alguna esperanza de que podríamos tener una oportunidad.

Pero después aparece la rabia, la pena, la frustración y el miedo, que me convierten un día en un ángel y al otro en un demonio.

Y los días pasan lentos, demasiado lentos. Porque quiero poder decirte sólo un par de cosas que tengo atoradas desde hace más de 20 años y que no pude decir cuando estuve ahí, que no logré poner en palabras.

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