La «Mademoiselle» escuchó todo. Y es bueno saber que a «Pierre» nunca le fue bien, siempre estuvo en gran parte sin trabajo… y terminó siendo otro hijo más para la «Mademoiselle».
Fue la «Mademoiselle» la que hizo posible comprar la casa, los muebles, la lavadora y la cocina. La que pagó las cosas bonitas, la que hizo las cuentas, la que trabajó para que no faltara nada y, de paso, se compró algún que otro lujo, nada tan «glamoroso» y jamás «Dior» por lo demás.
Y pienso que sí, “you never can tell”… nunca se sabe cómo termina una historia. Ni menos cuando eres prejuicioso al imaginarla.
Porque la «Mademoiselle» no necesitaba un «Pierre» que la mantuviera. Ni entonces, nii ahora.
Ella podía hacerlo sola, de hecho, siempre pudo y todo lo que tiene hoy, lo consiguió ella, con su esfuerzo, con su trabajo, sus decisiones, sus aciertos y también sus errores.
La «Mademoiselle» no necesita nadie que la mantenga y tampoco que la juzguen. Y no, no es de «sangre azul», sólo tiene más pelotas que muchos hombres.
Cómo la Mademoiselle ha podido estar enamorada de alguien por tantos años que la valora tan poco? Que piensa que es un adorno al lado de otro? Que no es capaz de pensar que puede valerse por si misma? Al menos esta vez, la «Mademoiselle» sabe lo que vale, no como cuando tenía 25.
Y si, a lo mejor la «Mademoiselle» debiese de buscar un «Pierre» que la mantenga, así al menos, por alguna vez, la juzgarán con razón.

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