Según el estudio de la psicóloga Phillippa Lally y sus alumnos, el cerebro tarda en promedio 66 días para generar un hábito o automatizar una conducta.
Según esto, me quedan 62 días. 62 días para no intentar saber de tí, para no querer verte, para no pensar en cada minuto, en qué estarás haciendo, si piensas alguna vez en mí, en no soñar contigo, querer abrazarte, querer decirte que te quiero.
Dos meses más, quizá el tiempo exacto antes de volver a Chile y no querer escribirte y pedir verte.
Quizá el tiempo exacto para por primera vez, no querer saludarte en tu cumpleaños y esperar que llegue ese día para saber de tí.
¿Lo podré hacer? ¿Podré cumplir con el patrón del promedio?
Llegaré a Chile con una vida nueva, con mis niños y mi gente, con todo lo que tanto he extrañado. A armar todo otra vez, pero esta vez sola, como debió ser hace mucho, como lo llevaba haciendo hace mucho.
Le pido a Dios, al universo, que así sea, que logré en ese tiempo crear el hábito de dejarte. Porque esto me está matando por segunda vez, y, esta vez, ha dolido mucho más.

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