Desayuno (in)esperado

Migue me llevó a desayunar ayer. Lo habíamos acordado hacía días, antes de que se fuera a Panamá.

Conversamos, nos reímos como siempre y, en algún momento, la conversación se puso seria. Tan seria que terminó provocándome una carcajada, porque jamás, pero jamás, habría esperado escuchar eso de él. Tan religioso, tan by the book, tan convencido de cómo deben ser las cosas.

«Caro, cuando vuelvas te tengo organizada una cita con un amigo que está separado.» Lo dijo con una seriedad absoluta. Yo me reí. Él no.

«Tienes que encontrar a alguien que se preocupe por ti. Que sea un partner. Que no termines siempre haciéndote cargo de todo tú.»

Ahí dejé de reírme. Porque entendí que hablaba en serio.»¿Y qué te hace pensar que yo necesito a alguien?»

Me miró. «Todos necesitamos a alguien.»

Y no sé por qué, pero esa certeza suya me molestó. «Yo no necesito a nadie. Llevo veintisiete años haciéndome cargo de mí y de mi hija y luego los niños, como para pensar ahora que necesito depender de alguien.» Se quedó callado. «Cuando necesité a alguien, fue el peor período de mi vida. Y todavía estoy pagando las consecuencias. Tú lo sabes mejor que nadie porque me has visto las últimas semanas.»

Se quedó en silencio largo rato. «No todos los hombres somos iguales, Caro. Y a quien quiero presentarte, te aseguro que es de los míos.»

«No, gracias.» Le dije seca, sin espacio de negociación y cambié de tema.

Me miró con esos ojos de perro arrepentido que pone cuando sabe que se pasó de la raya, y entendió que no quería seguir hablando de eso.

Pero después me quedé pensando.¿Por qué la gente tiene la idea de que para estar bien necesitas a alguien? ¿Por qué cuando una mujer lleva demasiado tiempo sosteniéndolo todo sola, la primera solución que alguien imagina es ponerle un hombre al lado?

No. Yo no necesito que nadie venga a rescatarme y menos alguien que no tengo idea quién es.

No necesito que alguien me sostenga porque sé perfectamente cómo sostenerme sola. Sé trabajar, solucionar, criar, empezar de nuevo, levantarme una y mil veces y seguir adelante y he sido siempre yo la que tiene que recoger los pedazos, mis pedazos. Sola, callada, sin nadie más que mi misma. La Dani me dijo hoy: «¿Por qué no dijiste nada de lo que estabas pasando con Sergio? Todos lo intuimos por mucho tiempo pero ¿por qué te quedaste callada?» «Porque puedo sola» le dije …ni siquiera quise contarle lo otro….ahí me mata porque ya sabe el pasado de esa historia.

Sé lo que significa depender de alguien, que tu vida, tu corazón y tu alma dependan de un otro es aterrador, porque cuando el otro se va dejas de existir.

Y ahora que estúpidamente pensé que finalmente podía permitirme bajar la guardia, confiar, dejar que él entrara de verdad esta vez… mi mundo volvió a desordenarse, a ser caótico, a ser doloroso y la historia volvió a repetirse, es decir: nada.

Sé que voy a volver a armarme, lo he hecho antes. Pero esta vez quiero hacerlo distinto. Quiero volver a encontrarme antes de volver a encontrar a nadie. Quiero recuperar esa versión de mí que no estaba esperando que alguien eligiera quedarse. La que sabía que, aunque todo se viniera abajo, ella podía levantarse.

Quizás por ahora necesito volver a congelar un poco el corazón. No porque haya dejado de sentir, sino precisamente porque siento demasiado.

Y si algún día alguien entra de nuevo extrañamente en mi corazón, quiero que sea porque lo elijo, no porque lo necesito.

No quiero un salvador, ni alguien que venga a hacerse cargo de mí, porque hacerme cargo de mi lo hago perfecto. Quiero, si alguna vez vuelvo a querer a alguien, a alguien que camine a mi lado. Alguien que entienda que acompañarme no significa rescatarme, porque no quiero volver a estar indefensa ante un otro.

Después de todo lo que he vivido, hay algo que ya no estoy dispuesta a negociar: no volveré a perderme por necesitar a alguien, por amar a alguien.

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