7 de Septiembre de 2026
Volver a desaparecer será, probablemente, lo más fácil.
Tengo demasiadas cosas esperándome: cambios que hacer, colegios que resolver, un departamento nuevo que convertir en mi hogar y el de los niños, y volver para hacerme cargo de todos los temas pendientes en Chile que me estarán esperando una vez terminados los de allá, incluido el papeleo de terminar una vida conjunta que ya hace mucho no era conjunta. A seguir cuidando mi salud, que al menos poco a poco está ahora mejorando.
En el trabajo, mientras tanto, las responsabilidades crecen y crecen, mientras del otro lado siquiera entienden los problemas locales.
Pero quizá eso es precisamente lo que necesito: volver a llenarme de cosas las manos y el corazón hasta que no quede ningún espacio libre para sentir.
El trabajo, los niños, los amigos, el ejercicio, los viajes, las obligaciones. Cualquier cosa que me mantenga ocupada y que me deje llegar al final del día demasiado cansada para pensar y demasiado llena de ruido para escuchar mi cabeza.
Ya pronto estaré de vuelta con los míos aquí y con la vida que dejé. Con mi vida, gran parte de la antigua y una nueva a la que estoy feliz de llegar, pero también llena con todo lo que sé hacer y manejar.
Y estarán ellos, los de sangre y los de la vida; mi familia. Ellos me ayudarán a pensar en otras cosas, a volver a ser quien se supone que debo ser, la centrada, racional, con los pies en la tierra pero con su toque de locura que la hace divertida.
Y entonces, poco a poco, todo volverá a su lugar Lo que tenga que ser, será y lo que no debió salir nunca volveré a ponerlo todo debajo de la alfombra, de donde nunca debería haber salido.
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