28 de Agosto 2026

No sé qué esperaba.

Me imaginé, como siempre, demasiadas cosas. Construí un mundo entero con pequeños gestos, con silencios, con señales que quizá nunca fueron señales. Y ahora me odio por eso. Odio esa parte de mí que es capaz de imaginar tanto, de sentir tanto, y después descubrir que, al final, todo existía solamente en mi cabeza.

Yo, como siempre, dispuesta a un mundo entero.

Y tú, como siempre, sin saberlo, sin imaginar siquiera que ese mundo existía.

¿Por qué tengo que seguir torturándome con un sueño que parece no terminar nunca?

¿Por qué mierda sigo teniendo en la cabeza la idea de la langosta, cuando sé que nunca lo fuiste?

De verdad pensé que todo eso era para mí. Que, de alguna forma, entre tantas cosas que no dijiste, había algo que sí estabas intentando decirme. Y ahora me siento tan, tan estúpida.

¿Por qué habría de ser diferente esta vez?

Borré todo. No quiero que, ni siquiera por curiosidad, llegues a tener acceso a nada de esto. Al menos no hasta que yo ya no esté aquí, mirando hacia atrás, tratando de entender en qué momento confundí mis deseos con tus señales.

Ya me humillé suficiente por esta idea infantil de encontrar respuestas donde nunca las hubo. Por querer convertir silencios en palabras y coincidencias en promesas.

Me rindo, ya no puedo más, no quiero luchar más.

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