Soy una persona extremadamente orgullosa. Me cuesta mucho decir lo que siento cuando no tengo claridad sobre la respuesta que voy a recibir.
Pero esta vez me olvidé de todo. Me tragué el orgullo y dije lo que sentía, sin protegerme, sin saber qué iba a encontrar del otro lado.
Y ahora me pregunto: ¿tengo que ser yo, una vez más, quien dé el primer paso? ¿O quizá esta vez lo mejor sea mejor callarme y dejar que el silencio también diga algo?
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