Es una Lástima

25 de Agosto de 2026

Me duele que me hayas mentido.
Pero, aunque me duela, creo que puedo entender por qué lo hiciste, aun cuando esté en absoluto desacuerdo.

Yo no voy a volver con él. Y quiero que sepas que eso no tiene nada que ver contigo. Hace demasiados años que vivo una vida que se volvió automática, una vida que sigo por inercia, casi sin sentirla. Una vida robótica, sin demasiadas preguntas, hasta que un día simplemente ya no pude más.

Y meses después apareciste tú, mucho después de una decisión ya tomada.

No buscaba nada al verte, no esperaba nada al verte. Ni siquiera imaginaba que volver a verte iba a abrir de golpe todo lo que creía dormido. No imaginé que bastaría con encontrarte otra vez para que regresaran tantas cosas que nunca terminaron de irse.

Y mucho menos imaginé que a ti pudiera pasarte algo parecido.

Por eso me da tanta pena que me hayas mentido.

No sólo porque mentiste, sino porque lo hiciste de una manera tan evidente, tan torpe, tan innecesaria, tan burda que por un momento me sentí completamente estúpida. Como si yo fuera la única que no entendía lo que estaba pasando.

Y quizás habría sido mucho más fácil si simplemente hubieras dicho la verdad.

Si hubieras dicho que la herida todavía es demasiado profunda para volver a mí.
Que tienes miedo de que esto sea sólo un momento y de que algún día vuelva con él.
Que quizás estás cómodo en tu soledad y no sabes si quieres volver a arriesgarla.
Que me quieres, pero que quererme no alcanza para vencer todo lo que todavía te duele.

Yo habría podido entender cualquiera de esas verdades, o cualquier otra.

Lo que no entiendo es por qué elegiste mentirme.

Y hacerlo mirándome a la cara, de una manera tan ridícula que todavía me cuesta creer que realmente haya pasado.

Y yo no dije nada.

Quizás debí hacerlo. Quizás debí mirarte y decirte que sabía que no era verdad. Quizás me arrepienta de haberme quedado callada. Pero no lo hice porque, en el fondo, pensé que tal vez estabas asustado. Que tal vez esa mentira era sólo otra forma de protegerte de algo que todavía no sabes cómo enfrentar.

Y preferí entenderte antes que confrontarte.

Pero eso no significa que no duela.

Porque duele.
Duele mucho.

Duele descubrir que después de todo lo que alguna vez sentí, después de todo lo que volvió a despertar, de saber que tú también lo sientes, elegiste esconderte detrás de una mentira en lugar de confiar en mí con tu verdad.

Y quizás eso es lo que más tristeza me da.

Que, de todas las cosas que podrías haberme dicho, elegiste justamente la que menos necesitaba escuchar.

Es una lástima. una verdadera lástima, porque la mentira dolió mucho más que cualquier verdad.

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