20 de Agosto de 2026
Creo que no hay nada más frustrante que alguien tome decisiones por ti, y siento que es peor porque soy mujer, porque se siente como costumbre.
Que decidan por tí, cuando a nadie más que a tí corresponde una decisión afecta tu vida. Y no hay preguntas, sólo asumir: que algo no es suficiente para mí, que me merezco algo que ni siquiera está en mi cabeza, que debería tener algo más.
Y, desde ese lugar que quizá parece humildad, preocupación, se esconde miedo, cobardía pero sobre todo egoísmo, por tomar por mi una decisión que nunca le correspondió a nadie más tomar.
Porque ¿quién debe decidir que es lo que yo quiero, salvo yo? Ya pasé demasiados años eligiendo la casa que quería mi mamá, la vida que quería mi mamá, los éxitos que quería mi mamá. Hoy mismo me preguntaba cómo iría a reaccionar con el piercing, después de que viera hace poco otro par de tatuajes.
Ya no quiero que nadie más elija por mí.
¿Por qué alguien más debe definir qué es suficiente para mí?, ¿Quién puede saber lo que yo siento, lo que estaba y estoy dispuesta a vivir, lo que quiero elegir?, ¿Acaso está alguien en mi cabeza, en mi cuerpo, en mi corazón o en mi alma?
Sólo yo. Sólo yo estoy aquí.
Y, sin embargo, nadie me preguntó, qué quería, que sentía, qué esperaba. Sigo después de años no teniendo la posibilidad de elegir, porque alguien decide por mi cuál debiese ser mi elección, de nuevo me quitan la libertad.
Porque no necesito que alguien decida por mí que merecezco más, qué me corresponde, qué le corresponde a mi corazón. Necesito que me dejen decidir a mí dónde quiero ponerlo.
Tal vez lo más triste es que, mientras alguien intenta protegernos de una supuesta equivocación, el tiempo sigue pasando.
Y a veces, entre decisiones que nunca se toman, conversaciones que nunca se tienen, palabras que nunca se dicen y sentimientos que nunca se preguntan, terminamos siendo infelices por una decisión que, sólo una persona tomó sin preguntar.
Quizá amar también sea eso: tener el valor de dejar que el otro elija. Incluso cuando temes que no te elija a tí o que sea temporal.
Porque si de verdad me quieres, no decidas por mí. Pregúntame. Déjame decirte lo que quiero. Déjame decirte lo que siento. Y después, por favor, déjame elegir. Aunque mi elección no sea la que tú esperabas, el alejarme, porque es más fácil para tí seguir siendo tú, con tu armadura y tu independencia.
Mi dirección por demasiados años fue ser el robot que todos manejaron. Porque guardé en el closet todo lo que sentía por miedo, por cobarde, porque tenía miedo al rechazo que estaba segura que recibiría. Hoy sé que estaba equivocada. ¿Lo aprenderás tú?
Estoy intentando por última vez que lo quieras ver.

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