Junio 5 2026

Cuando sabes que algún día lo harás… que tarde o temprano cometerás ese error que llevas años evitando. Escribes. Borras. Vuelves a escribir. Y vuelves a borrar.

Buscas el valor para decir aquello que ha vivido demasiado tiempo encerrado en tu pecho; esas palabras que llevan años golpeando por dentro, pidiendo salir.

Das vueltas alrededor de una idea, de una confesión, rodeando un precipicio sin atreverse a mirar hacia abajo.

Las horas se vuelven días. Los días se convierten en años.

Y otra vez eliminas el mensaje. Desescribes lo que tu cuerpo entero quiere decir, lo que tu mente ya no puede callar y lo que tu alma lleva demasiado tiempo manteniendo en silencio.

Entonces vuelves a callar.

Hasta que un día… el día menos pensado… tus dedos, esos mismos que tantas veces fueron cómplices de tu cobardía, deciden traicionarte.Y envías el mensaje.

Pasan apenas unos segundos antes de que reacciones. Lo borras.Pero ya es tarde.

Tal vez lo leyó. Tal vez ya sabe todo aquello que nunca fuiste capaz de decir de frente.Y te quedas inmóvil, mirando la pantalla vacía, entendiendo que el verdadero miedo nunca fue enviarlo.

Porque, en el fondo, siempre supiste que, aun si lo leía… precisamente por haberlo leído… el silencio sería su única respuesta.

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