2017
“A veces tengo la que, supongo es claridad, seguridad de que hablo contigo en un idioma distinto al que entiendes. Un idioma hecho de silencios que esperanque tú los escuches, de miradas que insisten en regresar al mismo lugar, a los mismos recuerdos, de gestos tan pequeños que sólo un corazón preocupado podría traducir.
Y entonces me pregunto, una y otra vez, ¿cómo es posible que no lo notes? ¿Cómo no vas a darte cuenta de que, después de tantos años, sigo mirándote con la misma intensidad, con la misma ternura, con esa misma mirada de niña que sólo conocen las personas que nunca terminan de irse? Mis ojos no han aprendido otro camino cuando te ven. Aún cuando intento convencerlos de olvidar, siempre vuelven, como cuando regresas al único lugar donde alguna vez se sintió verdadero.
Los años han pasado y siguen pasando, y yo he seguido jugando mi rol, el rol que yo misma busqué y acepté, pero en este día, en estas pocas horas que puedo volver a verte, ese disfraz se requebraja… sólo un poco, pero siempre he pensado que lo notas. O tal vez no.
Hay días en que quiero creer que tú también entiendes ese idioma secreto. Que reconoces cada palabra que nunca dije, cada pausa, cada mirada, cada despedida en la que siempre te he acompañado y siempre esconde el deseo de quedarme un poco más.
Pero luego llega la realidad, maldita, y me toma de la mano para devolverme al suelo. Devolverme a mi casa, a todo lo que si es real. Me tira el pelo, el cuerpo, me tira todo.
Y viene entonces la realidad, y me da una cachetada: creo que no es que no lo veas.
Es que has elegido no mirarlo.
Y entre ambas cosas existe un enorme abismo.
Porque la indiferencia duele menos cuando nace del no saber; pero cuando alguien desconoce a propósito, cuando decide no encontrarse con eso que sabe que existe, el silencio deja de ser una ausencia y se convierte en una respuesta. La respuesta que temo escuchar, y que, durante todos estos años, he intentado hacerme la ciega, la sorda, la muda.
Quizá nunca he hablado otro idioma.
Quizá siempre hablé el mismo que habla el amor cuando permanece demasiado tiempo aquí dentro: uno que no necesita levantar la voz para decir “todavía”. Uno que no sabe rendirse, aunque haya aprendido desde esa última vez… desde la vez que supe que debía dejarte ir, porque no te tenía.
Y, sin embargo, yo sigo aquí, con este lenguaje ridículo, pronunciando tu nombre en silencio en cada paso que doy, en cada mirada que nunca llega a encontrarse con la tuya o, sólo a veces… muy pocas veces, muy pocas horas para las que necesitaría mi corazón y mi alma. No porque espere que algún día me entiendas, sino porque hay sentimientos que, incluso cuando dejan de tener destino, siguen existiendo, aunque me haya obligado tantas veces por sacarlos de mí.”

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