Ya es Tiempo

25 – Julio – 2026

He decidido que ya es tiempo. Tiempo de volver a mí. De hacer lo que siempre he sabido hacer: levantarme. Porque, aunque a veces lo olvide, esa ha sido siempre mi manera de andar por la vida, esta vida, que había olvidado que era la mía.

No quiero seguir viviendo en lamentos ni regalarle más días al dolor. Ya le he entregado demasiado al dolor. Ahora voy a poner toda esa fuerza, la misma con la que tantas veces construí lo imposible, esta vez para salvarme a mí.

No voy a perder esta guerra. Ninguna de las dos.

Voy a sanar mi cuerpo, que durante demasiado tiempo habló y fue mostrando las heridas que yo callaba. Y también sanaré mi corazón, ese que insistió en quedarse media vida en un sitio donde nunca lo quisieron.

Creo que mi cuerpo sólo hizo lo que pudo después de tantos años cargando el mismo peso, repitiendo la misma tristeza hasta casi olvidarse de respirar. Ninguna pena merece convertirse en una condena. Mucho menos cuando nace de amar a quien nunca siquiera se enteró.

Nadie merece ocupar tanto espacio en mi alma si no es capaz de quedarse en ella con la misma intensidad. Nadie, nadie salvo yo.

Y por primera vez —o quizás por primera vez de verdad— estoy aprendiendo a elegirme. Me estoy queriendo, y de verdad me estoy queriendo! Me estoy queriendo con una ternura que nunca antes me permití.

Soy una mujer que se sabe extremadamente inteligente. Fuerte y dulce a la vez. Buena madre. Trabajadora. Incansable. Empática. Generosa. Cariñosa. Y también guapa, aunque durante años me costara creerlo. Porque lo que me fallaba ahí era la inteligencia emocional.

La vida me ha regalado personas que me han dicho una y otra vez que fui luz en sus caminos, que mi cariño los apoyó, que mi presencia hizo más felices sus días. Todos parecían verlo antes que yo.

Y hoy, al fin, empiezo a verme con sus mismos ojos.

Eso no significa olvidar mis errores. Los conozco de memoria; me los repetí tantas veces que llegaron a sonar como mi propio nombre. Pero ya no quiero seguir siendo la voz que más me hace daño.

Hoy elijo ser la voz que me acuida, que me protege y que me abraza; porque también merezco mi propia compasión.

Merezco cosas buenas, muy buenas! merezco la calma, merezco dormir bien, merezco hacerme cariño, merezco un amor que no me obligue a extrañar la presencia, ni a decifrar silencios, ni a sobrevivir de migajas. Merezco la misma lealtad, la misma ternura y la misma entrega con las que siempre he amado.

Así que aquí termina una historia. Desde hoy caminaré con la frente en alto. El pasado dejará de ser un lugar donde vivir para convertirse en lo que es, pasado.

Y cuando vuelva a mirarme al espejo, ya no buscaré a la mujer que sobrevivió. Buscaré a la que, por fin, decidió vivir.

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