Julio 2026
Fuiste el último de mis amores, y por eso tu último en escribirte, pero no por eso menos importante.
Mi hinchapelotitas. Mi Totito, Toto, Totín, Tototín, Joselito ultimamente. ( si, tu mamá es loca, siempre inventando cosas nuevas)
pero el nombre Toto no lo inventé yo, fue tu hermanito desde que todavía estabas en la guatita de la mamá. Ahí tenia dos años.
Contigo me pasó algo parecido a lo que había sentido antes con tu hermano, aunque esta vez en menor medida, porque supongo que ya había aprendido un poco: tenía miedo de no ser capaz de quererte lo suficiente. Qué idiotez. Como si el amor tuviera un espacio limitado. Como si el corazón no supiera agrandarse cuando llega alguien nuevo.
Y entonces llegaste tú.
Fue difícil. Siempre he creído que venías con bufanda y que nadie me avisó. Pero llegaste: un gordito delicioso, feliz, precioso. Y al poco andar comenzaste a hacerte tu propio espacio en lo que, en ese entonces, era nuestra familia.
Hoy la familia es distinta. Ha cambiado de forma, como cambian tantas cosas con los años. Pero hay lugares que no cambian nunca. Y el tuyo, mi Totito, siempre ha estado ahí.
Eras divertido desde pequeño. Tenías algo especial, una manera tuya de mirar el mundo, de vivirlo. Yo siempre imaginaba a tu hermano como un niño con un chaleco sin mangas de Harvard, perfectamente ordenado, y a ti como un artista loco, despeinado y lleno de colores. Y, especialmente contigo, esa imagen todavía me acompaña.
Porque viniste a romperme los esquemas.
Desordenado por naturaleza, caótico por vocación, un pequeño Tasmania —igual que tu madre—, pero también feliz de esa misma manera: libre, espontáneo, luminoso.
Y con los años me fuiste mostrando que, aunque físicamente te parezcas muchísimo a tu papá, hay tantas cosas en ti que son profundamente mías.
Mías han sido esas sonrisas escondiendo el dolor. Ese decir que no pasa nada cuando sí pasa. Ese no querer reconocer que algo te ha hecho daño. Esos momentos en que la mamá te hablaba un poco más fuerte de lo que esperabas y tus ojitos se llenaban de lágrimas, aunque tú insistieras en que no importaba.
Y siempre me molestó escucharte decirlo, no porque estuviera enojada contigo, sino porque me veía reflejada en ti.
Por eso tantas veces intenté explicarte que tus sentimientos valen tanto como los de cualquier otra persona. Que tienes derecho a estar triste, a molestarte, a enojarte. Incluso a odiarme. Que puedes decir que algo te dolió. Que puedes decir que algo no te gustó. Que no tienes que esconder lo que sientes para proteger a los demás.
Porque tú también importas, mi vida, importas más que todos!.
Mi guagua, si hay algo que quisiera que supieras, es que eres una de las mejores personas que he conocido.
Eres especial, igual que tus hermanos, cada uno de ustedes de una manera irrepetible. Pero hay un brillo en ti, Totito, que es solamente tuyo. Una luz maravillosar, pero imposible de no ver, todos lo ven, ABSOLUTAMENTE todo el mundo que te ha conocido, incluso mi jefe anterior lo vio, y al le cuesta.
Yo también tuve alguna vez algo de ese brillo. Por eso, si pudiera dejarte una sola cosa para llevar contigo por la vida, sería esta:
Quédatelo, mantenlo y defiendelo a morir!
La vida es agridulce. A veces puede ser enormemente hermosa y otras veces será exageradamente difícil. Habrá personas que te quieran bien y otras que quizás no sepan hacerlo. Habrá momentos en que sentirás que puedes con todo y otros en los que tendrás que aprender a pedir una mano.
Pero, pase lo que pase, nunca abandones tu esencia, nunca, nunca dejes de ser ese ser humano lindo que eres.
Preocupado por los demás. Empático. Divertido. Desordenado. Luminoso. Un pequeño Tasmania, igual que tu madre, corriendo por la vida y dejando todo un poquito patas arriba, sólo te pido, que aunque no pierdas el brillo, no lo pierdas sólo dándoselo al resto. Hijo: siempre, siempre, SIEMPRE, déjate el brillo más importante para ti. Porque si hay algo que me arrepiento en la vida (y no me arrepiento de mucho, casi nada) es de no darme a mi el suficiente brillo, y desgastarme dándoselo a todo el resto; eso finalmente te hace sentir vacío. No permitas que nadie te quite tu brillo.
Que nadie te convenza de que tienes que hacerte más pequeño para caber en su mundo. Que nadie apague tu alegría, tu sensibilidad ni esa manera tan maravillosa de mostrar que te importa, pero prométeme que entremedio, te importarás tú también.
Y por último recuerda, mi vida:
Tu mamá, aquí, y en cualquier otro lugar en el que alguna vez esté, te va a amar, como siempre te lo he dicho y como te lo diré en silencio algún dia: Del infinito… y mucho, mucho, mucho más allá.

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