Mi Langosta

2026

Quiero decirte algo, no tengo que mencionarte porque creo sabes quién eres. Hay algo que quizá debería haber dicho hace muchos años, o quizá algo que nunca debí decir. Pero ya no quiero seguir guardándolo.

Has estado en mis sueños durante más de veinte años.

Veinte años. Y no sé si alguna vez podrías entender lo que significa eso.

Has aparecido una y otra vez, sin que yo te llamara, sin que te buscara. A veces estabas cerca. Otras veces apenas podía alcanzarte. A veces sólo estabas ahí, existiendo en algún rincón de mi cabeza, como si mi memoria se negara a dejarte ir del todo.

Sé que probablemente para ti yo no fui lo que tú fuiste para mí. Quizá fui apenas un recuerdo perdido entre tantos otros. Una persona que pasó por tu vida y siguió su camino. Quizá todo esto no significó nada para ti.

Pero mi cabeza, mi corazón y mi alma han sido unos idiotas toda la vida. Porque siempre guardaron algo, una esperanza pequeña, ridícula y obstinada.

La esperanza de que alguna vez, en algún momento cualquiera de todos estos años, tú también hubieras pensado en mí. Aunque fuera una vez.

Aunque hubiera sido caminando por una calle, escuchando una canción o despertando de un sueño cuyo recuerdo desapareció unos segundos después.

Sólo una vez, pensar que, por un instante, existí también dentro de ti.

Esa esperanza se fue haciendo cada vez más pequeña con los años. La vida pasó. Nosotros pasamos. Cambiamos, nos alejamos. Construimos mundos completamente distintos. Y aquella esperanza diminuta terminó convirtiéndose casi en un punto invisible.

Pero nunca desapareció del todo, y ahora, ahora que siento que me estoy yendo, no sé exactamente de dónde, ni hacia dónde, sólo sé que hay algo dentro de mí que siente que se acerca el momento de soltar muchas cosas. De dejar atrás lugares, personas, versiones de mí misma. Y antes de hacerlo necesitaba que supieras esto.

Aunque no te importe, aunque no te afecte, aunque leas estas palabras y después continúes con tu vida exactamente como antes.

Quiero que sepas que hubo alguien en este mundo que pensó en ti durante gran parte de su vida, alguien que soñó contigo durante más de veinte años. alguien que, incluso cuando ya no tenía ninguna razón para hacerlo, siguió encontrándote dormida. Y espero te sirva también para creer en tí.

Y quizá lo más extraño de todo es que, durante todos estos años, cuando mi cabeza necesitaba escapar, cuando el mundo se hacía demasiado ruidoso, demasiado pesado, demasiado real, existía un lugar al que yo podía ir.

Un lugar que nadie conocía, mi pequeño mundo imaginario y, allí estabas tú, siempre tú.

No porque fueras perfecto. Ni siquiera porque realmente hubieras sido mío. Sino porque, por alguna razón que nunca logré entender, mi alma decidió convertirte en un lugar.

En mi lugar feliz y quizá nunca supiste que existía; quizá jamás imaginaste que, mientras tú vivías tu vida, en algún rincón del mundo había alguien que todavía, de vez en cuando, soñaba contigo.

Y está bien, no te digo esto para pedirte nada, hace muchos años que dejé de esperar que vengas. No espero que me elijas. No espero recuperar algo que quizá nunca existió fuera de mí.

Solo necesitaba dejar estas palabras en algún lugar antes de irme, para que al menos una vez supieras que existió alguien que te quiso de una manera silenciosa, absurda, imperfecta y obstinada.

Alguien que te llevó consigo mucho más tiempo del que debería, y, si algún día, dentro de muchos años, por alguna extraña razón, vuelves a pensar en mí, quiero que recuerdes solamente esto:

Fuiste el sueño de alguien durante más de veinte años y, durante mucho, mucho tiempo, en un pequeño rincón secreto de su alma, fuiste también su lugar feliz.

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