Julio 2026
Yo sé que es culpa mía.
De esta terquedad absurda que tengo de inventar excusas, organizar coincidencias, crear momentos que me acerquen, aunque sea un poco, a la posibilidad de verte.
Porque antes de volver a verte, después de tantos años, todo era más fácil.
Había aprendido a vivir recordándote sin buscarte. A saber que estabas en algún lugar del mundo sin necesitar saber de ti. Sin hablarte. Sin escucharte. Sin preguntarme demasiado cómo estabas.
Me bastaba con ese único día al año.
Ese día en que me permitía hablarte, saludarte y, después, regresar tranquilamente a los otros trescientos sesenta y cuatro días en los que fingía que no me acordaba de ti.
Era una mentira. Pero era una mentira que funcionaba.
Hasta que te vi. Y, maldita sea, volvió todo.
Volvió tu voz. Volvió tu risa. Volvió esa forma tan tuya de habitar mis recuerdos.
Volvió todo aquello que yo había guardado cuidadosamente en algún rincón donde creía que ya no podía hacerme daño.
Y ahora mis manos no saben quedarse quietas. Quieren escribirte. Quieren buscarte. Quieren encontrar cualquier excusa, por pequeña y absurda que sea, para acercarse a ti.
Y mi impulsividad, como siempre, me juega malas pasadas.
Porque quiero saber de ti. Quiero hablarte. Quiero reír contigo. Quiero escucharte contar cualquier tontería. Quiero sentir, aunque sea por un instante, que entre nosotros el tiempo no pasó.
Y no me hace bien.
Porque ahora ya no puedo fingir. No puedo fingir que no me importas. Que no siento nada. Que no quiero verte. Que no quiero escucharte. Que no quiero besarte. Que no quiero abrazarte.
No puedo volver a aquella cómoda mentira en la que eras solamente un recuerdo.
Porque te vi. Y recordé que eras real.
Malditas sean mis manos, que todavía quieren buscarte. Maldita sea mi cabeza, que después de tantos años sigue encontrando caminos que terminan en ti. Maldito sea mi corazón, que todavía sabe reconocerte.
Y, sobre todo, maldita sea mi alma… Porque, por mucho tiempo que haya pasado, por mucha distancia que la vida haya puesto entre nosotros, por muchas veces que haya intentado convencerme de lo contrario,
todavía te lleva grabado.

Deja un comentario