Llegó el día

15 de Junio 2026, 7.26 PM

Quise escribir la fecha.

Quise dejarla grabada en algún rincón de la memoria, para no olvidar el día en que, de una forma extraña, me sentí al mismo tiempo aliviada y completamente destrozada. El día en que uno de mis más grandes temores, después de tantos años, finalmente se hizo realidad.

Justo cuando el sol se está poniendo en el horizonte, despidiéndose del mundo para que llegue la noche. Exactamente en ese instante respondiste mi mensaje.

Cordiales tus palabras, como siempre. Incluso dulces.

Estás ocupado estos días. Hay cosas más importantes que hacer que verme en el breve espacio de tiempo que aún podríamos compartir.

Y así, con la misma calma con la que el crepúsculo apaga los últimos destellos del día, se extinguió en apenas un minuto la pequeña, frágil y obstinada esperanza que había sobrevivido durante casi veinte años.

Y, sin embargo, siento alivio.

El alivio cruel de quien por fin deja de luchar contra un espejismo, contra los molinos de viento. El descanso de saber que aquello que tantas veces imaginé nunca existió fuera de mi propia mente.

Pero el alivio también duele.

Por eso las lágrimas siguen cayendo mientras permanezco sentada junto a la ventana del avión, contemplando cómo desaparecen los últimos colores del cielo.

No estoy viendo una puesta de sol cualquiera.

Estoy viendo la mía.

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