Julio 2026
Es raro agradecer este momento. Agradecer estos meses, e incluso estos apenas dos días que ya parecen empezarme a sonreír, aunque con un poco de dolor físico, pero antes el sonreír se había vuelto automático.
Agradezco haber despertado del letargo, haber salido de esa robotización en la que un día, hace muchos años, dejé de reconocerme. Agradezco haber vuelto a levantar un lápiz. Ese mismo que abandoné hace más de dos décadas, el que olvidé en el fondo de un cajón creyendo que jamás volvería a necesitarlo.
Hoy vuelve. No intacto, nacido entre las cenizas de mis propias pérdidas, de mis dolores más profundos y de esas tristezas que todavía se resisten a marcharse.
Pero esta vez hay una certeza que no tenía antes. Este espacio es mío. Soy su dueña. No le debo explicaciones a nadie, no necesita permiso ni aprobación. Aquí puedo ser vulnerable, libre, imperfecta: puedo ser, finalmente… el fénix, mi fénix. Por fin vuelvo a ser yo.

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