Sin Palabras

2005

Qué paradójica es la vida.

Me ha dado la facilidad de comunicarme con los demás, de encontrar las palabras para explicar, acompañar o consolar. Me ha permitido decir, muchas veces, aquello que otros sienten y no logran nombrar.

Y, sin embargo, cuando se trata de mí, cuando se trata de lo que verdaderamente importa, las palabras se esconden.

No sé si es miedo. No sé si es pudor. No sé si son años aprendiendo a callar. Sólo sé que escribir siempre ha terminado siendo la única manera que tengo de decir aquello que mi voz nunca se ha atrevido a pronunciar.

Y, curiosamente, nunca había sido tan feliz como ahora. Ahora, precisamente ahora, cuando me ha tocado mirar de frente cada una de mis sombras.Ahora que la vida decidió poner sobre la mesa todos esos asuntos que llevaba años postergando.

Ahora.

Porque es ahora cuando, por fin, he comenzado a descubrir cuánto valgo cuánto he luchado por darle a mi hija lo que siempre creí que era lo mejor.

Cuánto he callado para verla sonreír. Cuánto he esperado que las cosas cambiaran, que mi familia encontrara su equilibrio, que el tiempo resolviera lo que yo no era capaz de enfrentar.

Cuánto de mi vida viví esperando. Y hoy entiendo que muchas de esas esperas nunca dependieron de nadie más.

Dependían de mí. De la forma en que elegía mirar la vida. De las historias que me contaba. De la rigidez con la que defendía mis propias certezas. De atreverme, por fin, a moverme de lugar.

No sé si esta nueva forma de mirar el mundo es más correcta. Tal vez también tenga sus excesos, ¡el mundo sabe que los tuve!. Tal vez sea tan radical como la anterior, solo que ahora está construida desde la libertad y no desde el miedo.

Lo único que sé es que me hace profundamente feliz. Porque, por primera vez, puedo amar sin remordimientos. Sin culpa. Sin vergüenza. Sin vivir preguntándome qué pensarán los demás.

Y empezando, al fin, a preguntarme qué necesito yo. Y no me importa que me digan que el amor tenga que ser recíproco.

Creo que pasamos demasiados años intentando ser buenos con todo el mundo, mientras olvidamos serlo con la única persona que estará con nosotros hasta el último día.

Nosotros mismos. Yo empecé a tratarme con un poco más de ternura. Y fue entonces cuando comenzaron a aparecer los regalos que siempre habían estado ahí, pero que yo no era capaz de ver.

Descubrí cuánto me ama mi hija. Descubrí cuánto la amo yo. Descubrí que tengo una familia. Imperfecta, como todas. Con heridas, con silencios, con errores. Pero es mi familia, la que tengo ahora, no sé después. Y, a su manera, siempre ha sabido quererme.

Y también descubrí algo que jamás pensé que llegaría a sentir. Por primera vez en mi vida dejé de avergonzarme de la persona que puede llegar a caminar a mi lado.

Sigo sintiendo miedo. Sigo sintiéndome insegura. Y, aunque parezca una contradicción, espero no dejar de sentirme nunca del todo así.

No porque disfrute del miedo, sino porque la certeza absoluta suele adormecer el alma.

El amor, para mí, nunca ha sido un lugar donde uno llega a descansar. Ha sido un lugar al que uno decide regresar cada día. Elegir. Volver a elegir. Y volver a hacerlo una vez más.

No quiero dar el amor por hecho. Quiero seguir cuidándolo como si aún pudiera perderlo. Quiero seguir sorprendiéndome de que exista. Quiero seguir sintiendo gratitud por cada instante compartido.

Y si algún día la vida decide que nuestros caminos vuelvan a separarse… Gracias, Dios. Gracias por haber permitido que nuestros caminos se cruzaran. Gracias por el tiempo vivido. Porque personas así aparecen muy pocas veces.

Y menos aún en el camino de un alma errante como la mía. Si pudiera pedir un solo regalo, no pediría promesas eternas. No pediría certezas. No pediría una vida perfecta. Pediría algo mucho más humilde y mucho más difícil.

Que mientras la vida nos regale tiempo, podamos seguir eligiéndonos. Sin obligaciones. Sin miedo.Sin culpa. Simplemente porque, entre todos los lugares posibles del mundo, seguimos queriendo encontrarnos. Y hoy creo que no existe una forma más pura de amar que esa.

Creo que sentí encontrar a la persona con que quería vivir esto alguna vez. Espero que la vida me permita encontrarla de nuevo…Y que perdure.

Deja un comentario