Recuerdos

2004

Hace algún tiempo que no dormía contigo.

Quizá desde el primer instante en que entendí que ya no podría hacerlo, empecé a extrañarlo. O quizá las ganas de dormir contigo nunca tuvieron principio ni final; simplemente aprendieron a quedarse.

Porque el tiempo no siempre pone las cosas en su lugar. A veces las desordena todavía más.

Recuerdo las primeras noches contigo.

Recuerdo mis miedos. Mis inseguridades. Mi vergüenza. Y también recuerdo cómo esa vergüenza fue desapareciendo, muy despacio, aún cuando normalmente el alcohol ayudaba mucho. No porque dejara de importar estar desnuda, sino porque entendí que el verdadero desnudo nunca había sido el del cuerpo.

El verdadero desnudo era el del alma. Y contigo, más que con nadie, mi alma se desvestía. Quizá no por completo. Quizá solo un poco.

Pero ese poco bastó para comprender que mi problema nunca fue mostrar mi cuerpo. Mi verdadero miedo siempre fue mostrar lo que ocurría dentro de mí.

Y por dentro… Por dentro era feliz.

No recordaba una felicidad así desde el día en que nació mi hija.

Sin darte cuenta, me hiciste descubrir partes de mí que llevaban demasiado tiempo dormidas. Como si algunas de las capas que había construido para protegerme comenzaran, por fin, a disolverse.

Y eso es, precisamente, lo que hoy me asusta.

Porque siento que esa forma de abrirnos no fue la misma para los dos. Que mientras yo iba dejando caer mis capas una a una, tú seguías resguardado detrás de las tuyas.

Y ahí es donde me siento indefensa. Pero, como ya dije alguna vez, esa vulnerabilidad es mi responsabilidad. Si al final de este camino me toca sufrir, que así sea.

Porque, incluso entonces, seguiré pensando que fue un privilegio haber compartido ese tiempo contigo.

Deja un comentario